<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><!-- generator="FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)" --><rss version="0.91">    <channel>        <title>Dreamer...</title>        <description><![CDATA[Blog personal de Amber Mist...Volviendo a Nana-chan...  (pero  Reira regresará, alguna vez que funcione bien el diseño...)]]></description>        <link>http://ambermist.blogcindario.com/</link>        <lastBuildDate>Sat, 24 Jan 2009 19:08:01 +0100</lastBuildDate>        <generator>FeedCreator 1.7.2-ppt (info@mypapit.net)</generator>        <item>            <title>Capítulo I-II</title>            <link>http://ambermist.blogcindario.com/2007/12/00056-capitulo-i-ii.html</link>            <description><![CDATA[<b>COMO CHOCOLATE </b><br />*AMBER MIST<br /><br />CAPITULO I-II<br /><br />	Para Ash el día tampoco había sido sencillo, pero a diferencia de su amiga, admitía que el responsable de la decadente velada no era otro que él mismo. Pasados los años, Ketchum aprendió a no dejarse engañar por su terca y caprichosa personalidad, tenía asumido y aceptado el porque de sus constantes fracasos; era una razón tan lógica y natural que ya no se molestaba en negarla<br /><br />Estaba enamorado.<br /><br />	Pero, entonces, ¿Por qué seguía saliendo con otras mujeres? Simple, porque Misty salía con otro hombre y para Ash ese era un trago difícil de digerir. Sin embargo, su plan no resultaba tan bien como él querría, sus salidas acababan siendo aburridas y monótonas, su mente vagaba lejos de la persona que tuviera en frente y lo único que lograba era torturarse a sí mismo de culpa por ilusionar a una pobre inocente que ansiaba una oportunidad con el Maestro Pokémon Soltero,<br />	El consuelo llegaba tarde en la noche, cuando el torbellino de quejas pelirrojo recorría el departamento criticando a todos los hombres como si fueran la peor basura que pudiera existir. A veces, Ash sentía la necesidad de demostrarle que no todos eran así, que por lo menos un hombre en el mundo deseaba hacerla feliz, pero su amiga siempre lograba desvanecer ese impulso y el Maestro solo se conformaba con que ella se quedara esa única noche en la semana.<br /><br />	Ese viernes fue precavido y considerado. No aceptó ninguna insinuación de sus fans o pretendientes, no quería lastimar a nadie, pero tampoco quería quedarse en su casa a ver como ella se arreglaba para <i>otro</i>, por lo que se encerró en un bar alejado del centro de la ciudad, en uno en que poca gente podría reconocerlo y esperó paciente a que las horas pasaran, mientras el barman le acercaba todo tipo de bebidas que Ash ni se molestaba en saber que eran, solo bebía sin dudarlo. <br /><br />-Te conozco. – Escuchó que le decían, aunque la vos le resultó distante y las palabras le hicieron un eco molesto en su mente. No miró a quien le hablaba, solo asintió mecánicamente con la cabeza, demasiado acostumbrado a ese tipo de afirmaciones.  –Eres Ash Ketchum. –<br />-Así es - Se sorprendió al oír su propia voz sonando tan ronca y cansada. Dejó el vaso del que iba a beber y se echó hacia atrás en su silla. Cerró los ojos, las luces tenues del local quemaban sus párpados pesados.<br />-¿Qué hace una celebridad de tu talla en un lugar como éste? –<br />-Bebo. –<br />-Y mucho! – Rió el hombre. Ash lo ignoró, el sonido agudo de aquella risa pastosa lo sintió punzante en su cabeza que comenzaba a zumbarle. –No deberías beber si no sabes, niño. – <br />-¿Qué quiere decir? – Finalmente miró a quien tenía a su lado. Girar la cabeza le produjo una extraña sensación de mareo y por un instante el desalineado hombre le parecieron dos juntos. Enfocó su visión en él, le sonreía sin pudor, exhibiendo su boca ausente de dentadura, rodeada de una barba larga, sucia y enmarañada, pero lo que más llamó su atención fue la conocida billetera de cuero que llevaba en sus manos.<br />-Veamos que tienes aquí -<br />-Déme eso! – Se estiró para intentar capturar su billetera cautiva, pero solo logró caer el suelo. Escuchó la risa estridente y molesta del “ladrón” seguido a coro por las pocas personas del bar.<br />-Te lo dije. No bebas si no sabes. – No pudo levantarse, el mareo lo sujetaba como una camisa pesada, obligándolo a permanecer en la ridícula posición en la que estaba, preso de la humillación. –Oye, Sam! – Gritó el hombre, blandiendo la billetera -¿Cuánto te debe “El Maestro”? –<br />-Cuarenta dólares. –<br />-Oh, sí. Parece que puede pagarte. –<br /><br />	Ash sintió que lo tironeaban de la camisa y lo obligaban  a ponerse en pie. El hombre con su billetera lo miraba riendo, mostrándole su desagradable aspecto tan cerca que sintió nauseas más potentes atacar su estómago.<br /><br />-También te alcanza para un taxi, niño. – Comenzó a arrastrarlo hacia la puerta. El aire fresco de otoño logró aliviarle el mareo un poco, pero no encontró fuerzas para librarse del hombre.<br />-¿Qué-Qué hace? –<br />-Te lo dije. – Extendió su mano a la calle y un taxi estacionó frente al local. –No quiero verte otra vez aquí, Ketchum. – El hombre abrió la puerta y arrojó a Ash en el asiento trasero, luego coronó su brusquedad tirando la billetera junto al muchacho y cerró la puerta con fuerza. –.Llévalo a la Liga Pokémon. –<br /><br />	El taxi arrancó. Por la ventana abierta entraba el viento frío que poco a poco lo despertaba. El Conductor no decía nada y Ash agradecía su silencio. No podía sentirse más estúpido, ni más agradecido con aquel hombre a quien había juzgado tan mal.<br /><br />-Dis-Disculpe. – Murmuró obligándose a capturar algo de control en sus palabras. –No es a la Liga donde debo ir -<br /><br />	Se preguntó si el aire fresco sería tan benévolo de ayudarlo a llegar al departamento lo más entero posible Si Misty lo viera llegar así Apoyó su cabeza en el asiento y una lágrima solitaria resbaló por su mejilla. Esa noche se sentía un idiota, más idiota que nunca]]></description>            <pubDate>Tue, 25 Dec 2007 18:00:35 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Casual VI-III</title>            <link>http://ambermist.blogcindario.com/2007/11/00054-casual-vi-iii.html</link>            <description><![CDATA[<b>Casual VI-III</b><br /><br /><br />	<br />El paseo nocturno se volvió silencioso, pero aún conservaba el ambiente cómodo entre los dos caminantes, que no necesitaban decirse nada para expresar cuánto habían disfrutado la noche en compañía del otro, solo las expresiones radiantes de cada uno de ellos ilustraban la química que experimentaban. Tom se sentía como aquel joven de a penas quince años que suspiraba por las noches por la chica pelirroja y enigmáticos ojos verdes, suponía que en su rostro debía llevar la misma sonrisa tímida que lo avergonzaba en esa época, lejos había quedado su seguridad y su arrogancia, tal vez desde el momento que aquella mujer acabó por cautivarlo con su sutil elegancia y su personalidad única. Le recordaba, en parte, al gran error de su juventud, más por sus rasgos físicos que por su forma de ser, pues claro estaba que entre Ann con su femenina actitud y Misty con su simpleza no habría nada más en común que sus hermosos ojos y su melena pelirroja. <br />Por su parte, Ann se esforzaba por mantenerse fría y no dejarse llevar por el encanto peculiar que le atraía de su acompañante, era firme en su papel, no se dejaba ver conmovida por los pequeños detalles tiernos de Tom, se comportaba tal cual su amiga le había aconsejado, sorprendiéndose a sí misma por la facilidad con la que había aprendido a ser alguien tan opuesta. Miró fijamente al hombre a su lado, sonriéndole con una extraña picardía que él solo pudo responder mirándola, sintiéndose intimidado. <br /><br />-Tienes Tienes algo ahí - Le dijo, soltando su mano y señalando sus cejas, riendo al ver lo avergonzado que el joven se mostró. Se detuvieron abruptamente, bajo la luz tenue de un farol a un costado del camino adoquinado por el que transitaban. <br /><i>-Debe ser una miga de pan Rayos, debo parecer un idiota. –</i> <br /><br />La verdad, no tenía nada en el rostro, Ann solo quiso romper con la monotonía del silencio y eso fue lo primero que se le ocurrió, pero la reacción de Tom le dio otra ida, aún mejor. Un nuevo brillo pícaro atravesó sus facciones, acompañado de una sonrisa seductora que logró inquietar aún más al joven, acortó la distancia, parándose justo delante de él y miró su rostro intrigada <br /><br />-¿Ya? – Preguntó, mientras seguía tocando su ceja, en un inútil intento de quitarse algo que no existía. <br />-No Aún sigue ahí. – Respondió, parándose en puntas de pie mirando su ceja izquierda detenidamente. <br />-Vaya insistente, ¿verdad? – Rió, sus mejillas no podían estar más rojas, mientras se preguntaba que podría tener allí aferrado que no se dignaba a quitarse. La mujer moría de risa internamente, por la desafortunada imagen del hombre, pero logró disimularlo mientras que delicadamente lo tomaba de la mano que en vano insistía en “limpiar” su ceja, sus ojos verdes se fijaron en la encaprichada “basurita” <br />-A ver Déjame intentarlo - <br />-Ah, Gracias - Pero no trató de sacarla como él esperaba. Sus delgados dedos se entrelazaron con los suyos, en lugar de avanzar contra la malvada “cosita” que tenía en el rostro, como él esperaba e inevitablemente, una expresión de confusión atravesó sus facciones. <br />Una brisa suave y cálida acarició sus párpados que se cerraron al sentir el dulce aire que salía de aquellos labios y al volver a abrirlos, vio tan cerca y tentadora la boca de Ann que no pudo obviar el desesperado deseo de besarla. Ella le sonrió ampliamente, aún con ese dejo de picardía bailando en sus ojos claros. <br /><br />-¿Se fue ya? – <br />-Sí Pero ahora la tienes en la mejilla - Volvió a soplarle, en una acción delicada que lo obligó a volver a cerrar los ojos, inmerso en la nueva caricia. Cuando volvió a mirarla, ella todavía tenía esa expresión divertida, entonces comprendió que en realidad no tenía nada en su ceja, ni en la mejilla. Todo aquello formaba parte del juego de Ann y, una vez más, él había perdido por inocente. Fue su turno de reír con un dejo de picardía, decidiendo entrar en la misma jugada, admitiendo los audaces avances de ella, procurando mantener su actitud inocente y desconcertado... <br />-¿Ahora? ¿Ya se fue? - <br />-No... - Su respuesta fue un susurro con una voz tan provocadora como sus acciones. -Voló a tus labios. - Inconscientemente, sus ojos oscuros descendieron a la boca de ella y, sin pensar en sus acciones, se relamió adelantándose al exquisito sabor. Sus dedos escaparon de la frágil presión que ejercían la mano pequeña de Ann, deslizándose por sus brazos, hasta situar una de sus manos en la cintura de la mujer y la otra perdiéndose en la suavidad de su cuello. <br /><br />Al inicio, sus ojos verdes se ensancharon de sorpresa, al sentir el cambio de actitud en su acompañante, otra vez volvía a reconocer al fanfarrón que trataba de seducirla tan estereotipadamente, sin embargo, en ese instante en que la situación que había creado cambiaba abruptamente su rol de iniciativa, sintió que esa faceta arrogante era más atrayente que su tierna ingenuidad. Fue su turno de sentirse frágil, vulnerable, como una adolescente tentada por el primer beso, ansiosa de probar la sensación de ser tocada tan íntimamente por aquella boca. <br />Y sin decir más ninguno de los dos, se besaron. Para sorpresa de ella, Tom se dejó guiar por la pasión hasta un punto medido, teniendo total control de la delicadeza, procurando respetar a su ocasional pareja; sus labios eran firmes, pero a la vez acariciaban con dulzura la boca de quien besaban, sus manos la acercaron a su cuerpo, uniéndose uno con otro, pero sin abandonar su posición en la cintura y cuello, solo atinando a acariciarla a ritmo del beso. Ann se animaba a responder de la misma forma, rodeando su cuello con sus brazos, pero sin incentivarlo a avanzar más, ya que sabía bien que no tenía intenciones de llegar más lejos en esa primera cita. <br /><br />Pudieron pasar largos minutos, ninguno de los dos lo sabía, el tiempo se había detenido para los jóvenes que al separarse se miraron fijamente, sonriendo delicadamente, acordando internamente con la magia que habían compartido. No necesitaron decir nada, tomados de la mano siguieron caminando, manteniendo la sensación del momento pasado fresco en sus mentes]]></description>            <pubDate>Wed, 28 Nov 2007 01:56:29 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Casual VI-II</title>            <link>http://ambermist.blogcindario.com/2007/11/00053-casual-vi-ii.html</link>            <description><![CDATA[<b>Casual VI-II</b><br /><br /><br /><br />	La cena y el postre progresaron con el mismo clima. Los dos se sorprendían de la facilidad que cada uno tenía para inventarse una vida ajena. Ash no sabía mucho de bancos, solo iba de vez en cuando a uno para hacer algún trámite sencillo, pero no era parte importante de su vida, contrario al caso de “Tom”, quien parecía un adicto a su trabajo dentro de aquel cubículo imaginario que lindaba con el de Richard Gane, otro elemento de su imaginación (curiosamente muy parecido a Broca, según notó Misty), que protagonizó unas cuantas anécdotas divertidas. Ann, incluso, afirmó que jamás hubiera pensado que el mundo de las finanzas pudiera ser tan entretenido, a lo que él simplemente pudo contestar asintiendo con la cabeza, pues tampoco lo había pensado.<br />	Por su parte, a Misty no le agradaban demasiado los periodistas, prefería informarse leyendo libros, antes que revistas, pero “Ann” no era una reportera común y corriente, no le interesaba hacerle entrevistas a los humanos, su vida estaba en el océano, haciendo un trabajo más parecido al de un científico que al de una periodista. Ash se alivió al escuchar los detalles de su trabajo, pues explicaba porque no lo había descubierto aún.<br />	Cuando él pagó la cuenta, una pregunta obvia los cubrió, pero ninguno lo dijo hasta pasado el cuarto de hora. El bar ya se estaba vaciando, algunas mesas ya tenían sillas dadas vuelta sobre la madera y las camareras terminaban de limpiar del otro lado del local, ellos no eran los únicos clientes que quedaban allí, pero los empleados del lugar ya se estaban encargando de dejar claro que deseaban cerrar...<br /><br />-Parece que debemos irnos... – Murmuró él algo decepcionado.<br />-Así parece... – Replicó ella con igual tono y se levantó de su lugar lentamente.<br />-Te acompaño a tu casa. – Se ofreció galantemente, adelantándose hacia la puerta. Ann le sonrió con dulzura, colocándose la cartera en uno de sus hombros.<br />-¿Ya das por acabada la noche? –<br />-Eh... ¿No? – Ella rió y lo siguió hasta la salida. Tom la dejó pasar primero, abriendo la puerta para que pasara. -¿Tienes algo en mente? –<br />-La verdad, no-<br />-¿Entonces?... – Miró a su alrededor, tratando de encontrar alguna ayuda en su entorno, pero esta vez no tuvo suerte. Se sintió patético, sin nada para ofrecerle a su acompañante-.<br />-Está bien. – Lo interrumpió ella.-Acompáñame hasta mi casa. La noche ha terminado. – Comenzó a caminar, pasando delante de él. Que la velada acabara de esa manera la desilusionó, la había pasado bien en el restaurante, pero esperaba algo más que una cena.<br />-Sería una lástima. – Replicó él y cuando ella volteó a mirarlo, Tom le dedicó otra sonrisa arrogante. –Vamos a caminar. –<br />-¿A Dónde? –<br />-Al centro. – Respondió encogiéndose de hombros. –Debe haber algo para hacer allí, ¿No crees? –<br />-Puede ser... – Accedió sonriente y volvió los pasos que se había separado de él. Tom extendió su mano y Ann aceptó su gesto con la suya, sus dedos se entrelazaron y ambos comenzaron su caminata hacia el centro.<br /><br />	Tenía muchas cosas para decir, pero no quería arruinar el momento diciendo alguna tontería. La situación le parecía irreal, demasiado perfecta. Pensó en la primera vez que había visto a esa mujer, como ella lo había ignorado completamente y ahora, le estaba sujetando la mano, mientras caminaban con rumbo incierto. Ella pensaba algo similar. Miraba ambas manos unidas y se deba cuenta de cuanto le gustaba ese hombre, no era solo parte de un juego; lo había elegido porque algo de él la atrajo y con todo lo conversado durante la cena, solo podía admitir que le atraía aún más. No era tan arrogante y fanfarrón como le pareció al inicio, por el contrario, en más de una ocasión se dejó ver bastante tímido e ingenuo.<br /><br />	El camino por el que iban los llevó hasta una de las avenidas principales de la ciudad. Las luces intensas, el tránsito y la gente contrastaban con la tranquilidad y silencio de la calle por la que caminaban. Se detuvieron en la esquina, frente a una de las grandes puertas de bronce de una de las entradas de La Liga Pokémon, cada uno con expresiones diferentes en sus rostros. Para Ash, no era el mejor de los edificios de su Amada Liga (obviamente él prefería el estadio oficial), pero al verlo cerrado, con las luces artificiales de los reflectores dedicándose una majestuosa imagen, le hinchaba el pecho de orgullo. Muy al contrario, para Misty, ese edificio en particular, representaba el nido de cuervos que se encargaban de destruir su gimnasio.<br /><br />-Este edificio es increíble. – Comentó él, admirando las figuras grabadas en la puerta metálica. <br />-¿Increíble? –<br />-Sí... Aunque siempre me gustó más el estadio. – El semblante de ella se transformó, una mueca mezcla de indignación y asco derrocó a esa sonrisa dulce que había portado todo el camino. Él la miró extrañado. -¿Qué sucede? –<br />-Nada. – Replicó, negando con la cabeza. <br />-¿Tienes algo contra la Liga Pokémon? –<br />-No. Tengo algo contra el Maestro Pokémon. – Contestó con algo de odio en su voz, mirando a la puerta con desprecio. –<br />-¿Porqué? –<br />-Porque es un idiota. –<br />-¿Lo conoces? – Preguntó sospechando. Ella lo miró fijamente y luego se echó a reír.<br />-Claro que no! Pero me he enterado de algunas cosas. –<br />-¿Qué cosas? –<br />-No todo lo que brilla es oro. – Contestó, reanudando la marcha. Tom la siguió preocupado, pero recordó que ella era amante de los Pokémon de agua y su odio hacia el Maestro le resultó comprensivo.<br /><i>-Hasta eres capaz de arruinar esto... No me dejarás en paz Waterflower. –</i>-Pero no nos pondremos de acuerdo. – Dijo ella aún riendo. –Sé la imagen que él tiene para el resto del mundo. –<br />-¿Y porqué no tienes una buena imagen de él? –<br />-Por su culpa, el único gimnasio de pokémon Acuáticos de Kanto se está destruyendo. –<br />-¿Eso no es culpa de los Líderes de Gimnasio? – Preguntó, fingiendo inocencia. Ella ladeó la cabeza, como si meditara la posibilidad.<br />-No creo que sea el caso. –<br />-De todas formas. Tienes razón en algo. –<br />-¿En que? –<br />-“No todo lo que brilla es oro” Ash Ketchum no es ningún héroe como todos dicen. –<br />-Me alegra oír eso. – Inconscientemente se acercó más. No solo sus manos unidas, ahora sus brazos se rozaban tímidamente. Tom se sintió incómodo por la situación pasada, pero internamente se alegró al saber que difícilmente lo reconocería, si su trabajo estaba lejos del puesto del Maestro, si lo detestaba tanto como para no hacer notas sobre él, quizás sus mentiras podrían sostenerse por algún tiempo.<br /><br />	Siguieron camino, dejando la Liga y sus opiniones detrás. El clima entre los dos volvió a ponerse calmo, aunque pese a sus diferencias en las opiniones, en ningún momento se generó suficiente tensión como para arruinar la noche; de hecho, los dos creían que aquellos criterios opuestos le habían dado un matiz interesante a sus conversaciones, un ingrediente extra que era necesario; ser diferentes, pero respetuosos sobre ello. La avenida desembocaba en el parque de la ciudad. Ninguno necesitó proponerlo, sus pasos los guiaron en aquella dirección. Ann rompió el silencio comenzando otra anécdota inventada que incluía un bosque oscuro y tenebroso, él escuchó atentamente, contemplándola cautivado y asentía automáticamente con la cabeza cuando ella le daba una pausa y le sonreía con su perfecta dentadura blanca; otra vez sentía que perdía su confianza, mientras sus pasos los llevaban por el camino rodeado de césped del parque.]]></description>            <pubDate>Fri, 02 Nov 2007 14:49:55 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Casual VI-I</title>            <link>http://ambermist.blogcindario.com/2007/10/00052-casual-vi-i.html</link>            <description><![CDATA[<b>Casual VI-I</b><br />*Amber Mist<br /><br />	Él fue el primero en llegar. El lugar estaba más lleno de lo habitual, pero de todas formas “su mesa” estaba libre. Aliviado se acercó a ésta y se sentó mirando a la puerta. Trató de controlar sus nervios; su estómago se había vuelto como piedra, sus manos sudaban aferradas al tallo del jazmín y, sin advertirlo, movía su pierna exageradamente a un ritmo constante en un gesto impaciente. No era la primera vez que esperaba a una mujer en un lugar como aquel, su última novia lo había hecho esperar una hora en su primera cita, según le había explicado, el tránsito estaba insoportable esa noche. Movió la cabeza, reprobando su línea de pensamiento, temiendo que otra vez lo condujera hacia la larga espera en vano... No era momento de pensar en “exs”, pero no pudo evitar notar que esa noche se sentía particularmente nervioso, veía la posibilidad que Ann lo dejara plantado. Rió, bajó la cabeza y extendió los brazos sobre la madera, sus dedos apresando con fuerza la flor...<br /><br /><i>-No debo pensar eso. </i>– Se regañó. –<i>Esto es diferente... Ann es distinta... Yo soy distinto... –</i><br />-Me encantan los jazmines... – Escuchó que alguien le comentaba, una voz suave y dulce. Sobresaltado levantó la cabeza para encontrarse con el rostro sonriente de quien estaba esperando.<br />-Ah, me alegro entonces. – Torpemente se levantó y extendió la flor. –Es para ti. –<br />-Gracias, Tom.- Tomó el jazmín por el tallo y olió su perfume. Luego levantó su mirada enigmática al hombre que trataba de mantener una cortina de arrogancia, pero que no lograba cubrir lo nervioso que se sentía. En un impulso no calculado, ella se acercó y le besó la mejilla para luego caminar a la silla vacía y sentarse frente a él.<br /><br />	Misty no podía creer lo que había hecho. Pensó que, tal vez, Erika le había puesto algo extraño al café esa tarde que la hizo actuar tan desinhibida, pero lo cierto era que solo se dejó llevar. Le encantaban los jazmines, casi tanto como la actitud de Tom. Con gran esfuerzo, logró evitar ponerse colorada y fingiendo que buscaba algo en la cartera, ocultó su rostro tras un manto espeso de cabello que dejó caer a un lado de su rostro, mientras se exigía tranquilizarse. <br />	Ash aspiró hondamente, obligándose a tratar de actuar tan frío como pudiera, pero por más que su mente gritara y exclamara órdenes, no podía reemplazar esa expresión algo atontada por su sonrisa arrogante y actitud galante. No se sentía tan fuerte y confiado, su personaje carecía de sustento. Tenía que admitir que para la actuación era un desastre, pero ya no podía echarse atrás.<br />	La camarera llegó para alivio de ambos. Ninguno quería cargar con la responsabilidad de ser quien rompiera el hielo...<br /><br />-¿Puedo tomar su orden? –<br />-Sí... yo quiero...- Comenzó Tom, tomando el menú y buscando en la lista algo que no le cayera muy pesado; bastante tenía con la piedra que se había formado en la boca de su estómago.<br />-Mientras él decide... –Empezó a decir Ann al ver que su acompañante tenía dificultades –Yo quiero carne asada  con patatas y ensalada mixta, por favor y... para beber... – La camarera anotaba el pedido en una pequeña libreta que había sacado de su delantal. –Solo gaseosa. –<br />-De acuerdo, ¿Señor? –<br />-Eh... yo... lo mismo que ella . –<br /><br />	Realmente no tenía ganas de analizar el menú, a él solo le importaba comer sin detenerse demasiado a elegir. Miró hacia el frete, Ann tenía su atención dirigida a la ventana. Le dio pánico pensar que se estaba aburriendo, por lo que, se peinó el cabello hacia atrás con sus dedos y dijo lo primero que vino a su mente.<br /><br />-Es la primera vez que vengo aquí de noche. – Ella se sobresaltó, su voz había sonado grave, distinta al tono con el que había hablado minutos atrás –Hay mucha más gente que al medio día. –<br />-Es cierto. – Replicó ella mirando alrededor –Lo hace ver diferente, ¿No crees? –<br />-Sí... – Se miraron, una pequeña sonrisa se asomaba en los rostros de ambos –Pareciera que por la noche todos somos diferentes. – Ann lo miró sin entender, él riño arrogantemente y continuó –Te ves aún más hermosa que las otras veces. –<br />-Ah... – Creyó que su rostro arderá en llamas al oírlo. Los ojos oscuros de él la veían fijamente, brillando intensamente. –Gracias. –<br /><br />	Ash recuperó algo de confianza cuando Ann bajó la cabeza un instante. En su vida imaginó que podría decir una frase tan cursi como esa, pero su efectividad no solo lo sorprendió también le dio algo de orgullo.<br />	Misty se reprochó por haber perdido el control de la situación. Su amiga le había advertido que le elogiaría su aspecto, era normal que lo hiciera... Pero para ella no era un halago tan común. El jazmín todavía reposaba en su mano, lo guardó con cuidado en la cartera, aprovechando la excusa para borrar el rojo de sus mejillas. Al sentirse mejor, volvió su vista al hombre y le sonrió...<br /><br />-Y dime... Tom... ¿De qué trabajas? – Preguntó en un tono casual y despreocupado, tratando de quebrar el momento incómodo que él le había provocado. Por la otra parte, la pregunta lo tomó desprevenido, no podía decirle “Maestro Pokémon”, manteniéndose frío miró por la ventana en busca de ayuda. Para su fortuna, la respuesta tenía enormes letras luminosas.<br />-Soy asesor de cuentas. – Ella asintió con la cabeza, como si le hubiera resultado interesante. –Justamente en aquel banco. – Replicó, señalando el edificio de la vereda contraria. Ann miró el edificio con interés. -¿Y tú? –<br />-Soy periodista. – Contestó con orgullo, pero no se sentía orgullosa por su profesión falsa, sino por haber planeado su personaje con tal exactitud.<br /><i>-¿Periodista? </i>– Pensó él, sintiendo palidecer –<i>Entonces... sabe quien soy... sabe que estoy mintiéndole... –</i><br />-¿Te sucede algo? –<br /><i>-Pero... si así fuera... si tratara de averiguar algo... –</i>-¿Tom? –<br /><i>-¿No hubiera mentido también? –</i>-¿Estás bien? –<br />-Sí.... sí... –<br />-Te ves pálido. –<br /> -¿Pálido? – Rió nervioso y miró por la ventana. –No, será tu imaginación. – Volvió su vista a ella, su expresión preocupada le atrajo una imagen nublada que bloqueó negando con la cabeza. –Estoy bien. –<br />-¿Será que no te gustan lo periodistas? –<br />-La verdad no me gustan, ¿Dónde trabajas? –<br />-En <i>Pokémon Care.</i> –<br /><i>-¿Pokémon Care? He salido en sus publicaciones varias veces. –</i>-¿La conoces? – <br />-Sí... he leído muchas notas. Tal vez haya leído alguna tuya. – Continuó, tratando de cubrir su pánico. Que ella fuera periodista era una catástrofe para las ilusiones y planes del joven.<br />-Solo si te gustan los Pokémon de Agua. – Contestó con naturalidad.<br />-¿Pokémon de agua? –<br />-Sí. Es lo único de lo que escribo. -<br /><br />	Para Ash la situación se veía peor. ¿Tenía que haber tantas coincidencias tétricas? Por un momento prefirió que ella fuera una periodista interesada, solamente, en publicar un artículo vergonzoso del famoso Maestro y no una mujer pelirroja, de ojos verdes, amante de los Pokemon Acuáticos!! –<br /><br />-Vaya! – Suspiró y bajó la mirada. –NO creo que lea ningún artículo tuyo, entonces. –<br />-¿No? –<br />-No me gustan los Pkmn de agua. –<br />-Entonces... Hablemos de otra cosa. –<br /><br />	El cambio de tema no fue solo por la excesiva honestidad de Tom; Misty creyó que si él decía algo malo sobre su amado tipo de Pkmn acabaría por romperle un plato en la cabeza y así no debía comportarse “Ann”. La actitud conciliadora y pacífica de su acompañante lo tranquilizó, ese era un punto a favor para “la periodista” que la diferenciaba abismalmente de cierta Líder de Gimnasio. Ash volvió a relajarse y escuchó atentamente al tema que Ann había elegido para conversar, una anécdota divertida de un viaje que hizo por las Islas Naranja. Notó como ella evitaba nombrar a los pkmn acuáticos, objeto de dicho viaje, en su relato y eso lo conmovió; se veía que era una persona considerada y sensible, además de muy inteligente. Otra vez se dejó llevar por ella, olvidando los parecidos que tenía con Misty y pudiendo escuchar atentamente, asintiendo de vez en cuando y riendo de los disparates de la anécdota. No volvió a pensar, ni a analizar nada, solo se relajó y dejó que ella lo divirtiera, cautivándolo aún más con cada minuto que pasara.<br /><br />-¿Sabes? A mí me ocurrió algo similar... –<br /><br />	Comentó él divertido y fue su turno de contar. La velada era perfecta, ambos se divertían y la incomodidad inicial se había evaporado. Para los dos era como si se conocieran de toda la vida, cada uno sentía que el otro era plenamente honesto y que entre los dos surgía una magia atrayente. El único detalle que carcomía sus conciencias era el echo que nada de lo que contaban era cierto. Se esforzaban tanto en mantener sus identidades escondidas que no tenían ni una sola verdad para compartir; Ann describía viajes exóticos e interesantes que e interesantes que mezclaban verdades de sus aventuras con Ash. Tom inventaba clientes eufóricos que iban a reclamarle a su oficina ó vacaciones fantásticas combinadas con los escenarios que contempló de niño. Estaban tan absortos en sus propias mentiras que no advirtieron las coincidencias en sus relatos.]]></description>            <pubDate>Tue, 30 Oct 2007 01:14:25 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Capítulo V-III</title>            <link>http://ambermist.blogcindario.com/2007/10/00051-capitulo-v-iii.html</link>            <description><![CDATA[Casual V-III<br />*Amber Mist<br /><br />	Respiró hondamente un par de veces, viendo su reflejo en el espejo de cuerpo entero que su compañera tenía en su habitación. Debía admitirlo, se veía muy bien, Erika sabía asesorar y le estaba agradecida por haberle insistido en vestirse de esa forma tan contraria a lo que ella acostumbraba. Mientras Misty se hubiera conformado con un jean y una camisa simple, “Ann” acabó vistiendo un pantalón de vestir negro (aunque la líder de Ciudad Azulona se encargó de remarcar que una pollera hubiera sido mucho mejor, pero la pelirroja no soportaba tremendo cambio), una blusa celeste, que para su incomodidad tenía una sutil transparencia que le avergonzaba, aunque en realidad, no dejaba ver más que su pálida piel y, lo peor de su atuendo, los zapatos... Sabía que debía despedirse de sus zapatillas para la actuación, pero la falta de costumbre amenazaba con arrojarla al suelo, víctima de sus tacos.<br />	A pesar de sentirse algo insegura, lo disimuló levantando la frente bien alto y dedicándole a su reflejo una mirada altanera...<br /><br /><i>-Muy bien, Ann... Que el juego comience... –</i><br /><br />	Su propio pensamiento le arrancó una sonrisa y le ayudó a disminuir la inseguridad. Del otro lado de la puerta, su amiga la esperaba impaciente, la entrenadora de pokémon hierba estaba aún más nerviosa que ella, mientras la ayudara a maquillarse le había dado unos cuantos consejos que le resultaron más adecuados de una hermana mayor que de una amiga incitándola a jugar con alguien, de todas formas también se los agradecía; Erika la había ayudado no solo a tratar de conquistar a ese hombre, también colaboró en aumentar su autoestima, el cual para Misty, hasta ese momento, estaba desaparecido.<br /><br />-Te ves muy bien. – Le dijo alegremente cuando la vio salir de la habitación. –No cabe dudas que soy un genio. –<br />-La verdad... sí lo eres. – Contestó modestamente. –Pero estos zapatos... –<br />-Te acostumbrarás. – Se levantó de su lugar en el sillón y acercándose a su amiga, extrajo de uno de sus pequeños bolsillos una diminuta botellita de vidrio. –Te falta esto. –<br />-Pero... –<br />-¿Vas a dudarlo todas las veces? –<br />-Está bien, te lo acepto. – Respondió riendo ante la exasperación de Erika, tomando el ofrecimiento.<br />-Solo una gota, Misty o apestarás. –<br />-De acuerdo. – Perfumó su cuello usando solo una gota, como su compañera le advirtió y luego le devolvió el envase. –Gracias. –<br />-No es nada. Recuerda llevar el saquito liviano, tan vez haga frío más tarde.-<br />-Sí, lo llevaré. – Murmuró mientras lo alcanzaba del respaldo del sillón junto con la cartera pequeña del mismo color que sus zapatos.<br />-Ten mucho cuidado, Misty. –<br />-Lo tendré. –<br />-Llámame si precisas algo .- La pelirrojo la miró entre extrañada y avergonzada, pero Erika continuó como si no reconociera la expresión de su amiga.<br />-Erika, ¿Qué te sucede?-<br />-Nada. ¿Segura que no quieres que vaya contigo? –<br />-Claro que no! –<br />-Entonces ten mucho cuidado. –<br />-Por favor! –Exclamó exasperada –No soy una niña. –<br />-Solo estoy preocupada. –<br />-No tienes que estarlo. – Caminó hacia la puerta decidida, pero antes de abrirla observó a su compañera, de pie junto al sillón, abrazándose a sí misma, viéndola fijamente. –Ni se te ocurra esperarme. –<br />-Pero... –<br />-NO. Mañana te contaré. – Le sonrió. –Gracias, Amiga. –<br /><br />	Abrió la puerta y salió rápidamente, antes que a Erika se le ocurriera otro consejo.<br /><hr /><br /><br /><br />	Caminó por las calles, asegurando el andar que su compañera se había encargado de enseñarle, con la frente alta, la vista clavada al frete y una sonrisa delicada en sus facciones. Se sentía salida de un comercial, el viento soplándole sutilmente la cara, haciendo danzar sus largos mechones de cabello rojizo al ritmo de sus pasos seguros. Fue conciente de las miradas que recibía de los hombres que pasaban a su lado, algunos incluso tenían un destello lujurioso, que ella ignoró elegantemente, aceptando de ellos solo la seguridad que necesitaba para acomodarse en la piel de Ann y olvidar la punzante sensación de admitir que, como Misty no llamaba tanto la atención.<br /><br />	Por su parte, Ash vivía una situación similar. Si bien, una vez convertido en Maestro Pokémon, era natural que despertara el interés de las mujeres esa noche, las miradas y risitas se multiplicaron exageradamente mientras caminaba hacia el bar. Tal vez sea que esa noche se había esmerado en domar su rebelde cabellera negra ó su sonrisa permanente, que no se borraría en toda la noche de su rostro... ó, simplemente, su ansiedad controlada ya no lo hacía comportarse como un hiperactivo adolescente, sino como un joven radiante.<br />	Se detuvo frente a un pequeño puesto de flores, atraído por el aroma a jazmines. No era el tipo de hombre que regalaba ese tipo de cosas, pero sin ninguna razón en especial, sintió el impulso de comprar un jazmín, solo uno para su primera cita con Ann.<br /><br />CONTINUARÁ...]]></description>            <pubDate>Tue, 23 Oct 2007 15:33:35 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Capítulo Unico-IV</title>            <link>http://ambermist.blogcindario.com/2007/10/00050-capitulo-unico-iv.html</link>            <description><![CDATA[- Que bien dormí ! - Exclamó luego de estirarse por completo en la cama. Bajó los pies y se estiró hasta alcanzar la ropa que había doblado prolijamente antes de acostarse para dormir, al no verla allí, sonrió y se levantó por completo - Debo haberme movido mucho por la noche... - Se comentó a sí misma y rodeó el mueble hasta encontrar sus prendas. <br /><br />	Lenta y despreocupadamente se cambió el pijama por un jean y remera blanca, encogiéndose de hombros al pensamiento que debía ducharse antes de cambiarse, pero su estómago opinaba que debía desayunar primero. Miró el reloj sobre la mesa de noche; las 10 :15. Por un momento se sorprendió al ver una silla junto a la cama, pues no recordaba haberla visto allí por la noche...<br /><br />- Supongo que estaba demasiado cansada... - Razonó desechando el tema y se retiró de la habitación.<br /><br />	Entró a la cafetería del hotel, donde Brock, la señora Ketchum, Tracey y Ash comentaban la batalla de este último, mientras cada uno terminaba sus respectivos desayunos. Misty sonrió, avanzando hacia ellos mientras con la mirada buscaba algún asiento. Corrió una de las sillas de una mesa vacía junto a la del grupo, que tan absortos en la conversación estaban, que ni se percataron de su presencia.<br /><br />- Yo pienso que mi hijo merecía ganar, pese a sus errores durante la batalla. - Concluyó firmemente la señora Ketchum, mirando hacia el frente al fin encontrándose con la nueva integrante de la mesa. - Misty ! Lo siento, no te escuchamos llegar. -<br />- Lo sé. - Respondió la pelirroja. - Buenos días a todos ! - <br />- Buen día. - Contestaron cada uno de los presentes, exceptuando a Ash, quien miró hacia otro lado ignorando a la recién llegada.<br />- ¿No vas a saludarme ? - Preguntó, algo ofendida, pero cuidando su tono por respeto a la señora Ketchum.<br />- Lo siento. Buen día. - Contestó, sin mirarla. Misty inclinó su cabeza a un lado confundida, pero antes de preguntarle que le pasaba, el camarero la interrumpió, amablemente, al preguntarle que deseaba para desayunar. Omitiendo el tema, la líder del gimnasio ordenó su comida y continuó junto con el resto de los presentes la discusión sobre el desempeño de Ash en su batalla.<br /><br />	Su desayuno no tardó en llegar, mientras la charla se convertía en comentarios vacíos; no había mucho por decir, Ash había ganado y punto. Los pokémon que había usado no eran los que ella conocía, él había logrado capturar muchas nuevas especies que para la jóven líder de gimnasio eran todo un misterio, pero no tenían mucho para contarle sobre ellos, su amigo, al parecer, siempre atrapaba a los miembros de su equipo de la misma forma y pasados los años, las anécdotas se parecían una a la otra y perdían el sentido.<br />Además, Misty estaba comenzado a sentirse incómoda al encontrarse continuamente observada por el reciente Maestro, ya sea de reojo o simulando mientras bebía el café, el muchacho permanecía vigilándola y ella podría afirmar con seguridad, no tenía la menor idea lo que el resto hablaba. Se preguntaba si era algo bueno... o malo... Después de cinco años de no verse ni hablarse, la reunión podría tener resultados alentadores para la eterna enamorada... o devastadores en caso que Ash solo esté esperando por su partida nuevamente.<br /><br /><i>- Se realista, Misty!</i> - Se ordenó imperativamente - <i>Ash siempre será igual de distraído e ingenuo... ¿Quien podría imaginar que en este momento hay algo más en su mente que no sea El Trofeo?</i> - Bajó la cabeza, afirmándose a sí misma aquel pensamiento. Toda su vida el entrenador deseó estar en donde está ahora, ella es solo una compañera más de viaje en todo el largo trayecto y en ese momento, que sus miradas se cruzan insistentemente como nunca lo habían hecho en sus años de aventuras, solo queda por concluir que la líder de gimnasio acabó sentándose inconscientemente en medio de su campo de visión y que él solo está sumergido en su propio mundo, aún estupefacto por los incidentes del día anterior. - <i>Vamos, Misty... nunca ha habido lugar para tí en su sueño!</i> - Sonrió con una mueca triste, admitiendo la veracidad del pensamiento e incorporándose en su silla volvió su atención a la conversación con el resto, esforzándose por ignorar aquellos ojos marrones que, simplemente, no dejaban de observarla...<br /><br />	Lentamente y de a uno por vez, los integrantes de la mesa se fueron disculpando con el resto y se retiraron de sus lugares, hasta que solo Ash y Misty restaban por levantarse. Al irse la Señora Ketchum, la líder de gimnasio se preguntó si debía excusarse también, pues la constante actitud del Maestro estaba acabando con sus nervios. No quería explotar en ira y comenzar discusiones o peleas en ese momento, no cuando él vivía uno de los mejores días de su vida, no le parecía justo... pero esa mirada, extraña, permanente, acompañada de un silencio impenetrable era difícil de soportar, sin importar cuánto quiera intentarlo. De pronto, y salido desde algún rincón de su mente, recordó algo que debía preguntarle, solo esperaba que alcanzara para  desvanecer el silencio un buen rato o su paciencia no lo resistiría...<br /><br />- ¿Necesitabas preguntarme algo? - Formuló, insegura de la procedencia de la pregunta, pero por alguna razón sabía que debía hacerla.<br />- Sí. - Contestó él seguro, sonriendo levemente. Pero no continuó, ella lo observó impaciente, esperando que hiciera la pregunta.<br />- ¿Vas a preguntar o no, Ketchum? - Dijo al fin, siendo vencida por la ansiedad y la incomodidad del momento. <br />- Emm. De acuerdo. - Finalmente desvió la mirada hacia la izquierda, brindándole algo de alivio a la entrenadora, quien no podría soportar esos ojos sobre ella sin sonrojarse profundamente, de todos modos, esa tranquilidad no le duró demasiado, ya que el muchacho volvió su atención a ella luego de esa pausa - ¿Eres sonámbula? -<br /><br />	Sintió su cuerpo paralizarse, junto a su corazón, hasta ese momento descontrolado, el cual detuvo su marcha un instante. Preguntas de todo tipo la invadieron, junto con un nerviosismo indescriptible... Pese a su momentánea paranoia, se esforzó por mantener aquellos síntomas dentro de sí misma y no expresar ninguno con acciones o palabras.<br /><br />- A veces camino dormida. - Replicó al fin. Ash abandonó la expresión que tenía anteriormente para dar paso a una seriedad poco usual en él.<br />- ¿Desde cuándo ? -<br />- Algunos años, ¿Porqué ? - Su última pregunta se formuló sola y con un leve tono de desesperación, a cada minuto la duda de que podría haber hecho y que tan vergonzoso habría sido estaba acabando con su manto de amistad y tranquilidad. -¿Hice... Hice algo? - Continuó, dejándose llevar por su propia vergüenza.<br />- No, Misty. - Contestó él, riendo un poco al notar su estado. La chica se había puesto pálida y sudor frío se había formado en su frente, además que el mantel tenía una presión extra debajo de la mano tensa y rígida de la entrenadora, su “auto-control”  definitivamente no estaba funcionando. <br />- Entonces, ¿Cómo lo sabes?  No deberías saberlo! - Misty no era la única empecinada en disimular reacciones. Las muelas de Ash se apretaron una contra otra al escuchar la última exclamación, pero no dijo nada, continuó sonriendo como si no lo hubiese oído y pensó en una respuesta rápida que no lo expusiera demasiado.<br />- Te ví ayer. - Respondió - Y te ayudé a regresar a tu habitación. -<br />- ¿Dije algo ? Suelo hablar también. -<br />- No. Fue solo un momento. - Mintió, aún sonriendo. Ella pareció tranquilizarse al escuchar la respuesta, dejándose caer exhausta contra el respaldo de la silla. Levantó la mirada hacia él y le sonrió, casi agradecida. Sin embargo, Ash quería explotar el tema tanto como pudiera para obtener la respuesta que siempre quiso - Pero... ¿Hay algo que no puedes decirme? - Preguntó, estirándose hacia adelante, apoyando sus codos contra la mesa y manteniendo su constante y profunda mirada. -¿Algo que quieres decirme ? -<br />-No. - Contestó simplemente y sin dudarlo, sin dejar que la pregunta le incomodara en lo más mínimo.<br />- ¿Segura ? - Insistió el Maestro, arqueando una ceja desconfiado y agregando una sonrisa arrogante a su serio rostro. Misty le devolvió la sonrisa y actitud, acercándose como él por sobre la mesa, tanto como su cuerpo le permitió.<br />- Nada para decir, ¿Y tú ? - Ash ya no se sentía tan confiado al tener esos verde-azulados ojos tan cerca, con el aliento cálido de su amiga acariciándole el rostro, escuchándola susurrar aquello último con un sutil tono seductor ; bien sabía que Misty estaba bromeando, que no tenía idea de lo nervioso que lograba ponerlo. Sin embargo, no pudo responderle, ni con palabras ni acciones, su atención se había desviado de la conversación y se había fijado en sus labios, sintió su boca secarse y su estómago endurecerse como una piedra, sus dedos temblaban sobre la mesa, la ansiedad parecía haber tomado control de su cuerpo, cuando su mano derecha se acercó a la cabeza de la chica, dispuesta a acortar la distancia entre ambos. <br />-Supongo que tampoco. - Concluyó ella, al no recibir respuesta y se dejó caer, una vez más, contra el respaldo. Miró sorprendida el brazo suspendido y la mirada ausente de su amigo -¿Ash ? -<br />-¿Eh ? Ah, no. Nada por decir. - Respondió, rascándose la cabeza con la mano que había levantado. De pronto, se levantó de su lugar, con tanta urgencia que casi tira la silla al suelo. -Lo siento, Misty... Pero yo también debo levantarme ya. Tú sabes, tengo cosas que hacer todavía. -<br />-Sí. Entiendo, Ash. -<br />-Nos vemos después, entonces. - <br />- Está bien... -]]></description>            <pubDate>Tue, 23 Oct 2007 01:55:08 +0100</pubDate>        </item>        <item>            <title>Capítulo II-Escena III</title>            <link>http://ambermist.blogcindario.com/2007/10/00049-capitulo-ii-escena-iii.html</link>            <description><![CDATA[<span style="text-decoration:underline"><b>Pacto de Sangre II-III</b></span><br />*Amber Mist<br /><br /><i>	Una luz blanca incandescente me cegó cuando abrí mis ojos. Mi cabeza estaba nublada, no tenía idea de donde estaba ni porque me hallaba allí, me sentía cansado y cada músculo de mi cuerpo dolía inmensamente. Cerré los ojos con fuerza y volví a abrirlos, parpadeé un par de veces, hasta que mi visión fue más nítida, pude observar que la luz que me había atacado no era otra más que un rayo de sol que se colaba por una ventana abierta, cuyas cortinas blancas se mecían por la suave brisa que entraba desde el parque al que daba la abertura. <br />	Un sonido agudo hizo que volteara hacia atrás, viendo por sobre el respaldo de mi silla, es probable que aquel chillido haya sido el que me despertó, pero por más que mirara la habitación estaba completamente vacía. Volví a escucharlo, mis ojos buscaron en la extensión del lugar sin hallar nada. El sonido persistió y, entonces, noté que algo a mi derecha se movía. Me levanté de la silla, caminando con cautela, mis pies haciendo eco al pisar los cerámicos blancos, retumbando en las paredes de igual color; solo di tres o cuatro pasos hasta que distinguí una forma en el extremo de la habitación. Otra vez el chillido, pero en esta ocasión reconocí de que se trataba...<br /><br />-Ash... Despertaste... – Me susurró una voz suave desde aquella dirección. Yo sonreí, al tiempo que mis pasos se hacían más seguros y rápidos. –No eres el único que recién se despierta... ¿Verdad? – Otra vez aquel sonido... Un risita tierna y pícara, que me contagió, haciéndome reír también.<br />-Por lo que oigo se despertó de buen humor. –<br />-Así es... Es un bebé feliz. –<br /><br />	Llegué hasta ellos. El pecho se me hinchó de emoción. Era una cama blanca en la cual reposaba Misty con su largo cabello rojo cayendo desordenadamente sobre su hombro izquierdo, se veía cansada, más pálida de lo usual, pero en sus ojos vi un color aún más hermoso del que jamás he visto. Me perdí en su mirara cristalina, hasta que la risita traviesa del pequeño llamó mi atención nuevamente.<br /><br />-Alguien quiere saludarte... –<br />-Sí... –<br /><br />	El pequeño me miró fijamente, como asombrado. Movía sus pequeños dedos débilmente, me tenté y acaricié el reverso de su mano delicada con solo uno de mis dedos tan inmensos a comparación de los suyos. Me reí por nada en realidad, solo reí y el niño siguió mirándome...<br /><br />-Tiene tus ojos... – Dije, sin quitar mi vista del hermoso bebé.<br />-Y tu nariz. – Respondió Misty.<br /><br />	“¿Mi Nariz?”... “¿Sus ojos y Mi Nariz?”<br /><br />	Me paralicé. Una mueca mezcla de sorpresa y desconcierto se apoderó de mis facciones, como un autómata, logré girar mi cabeza para ver a Misty, ella me sonreía con tal calidez y ternura que me perturbaba aún más.<br /><br />-¿Porqué no lo cargas, Ash? –<br />-¿Qué?... –<br />-Vamos! Álzalo! –<br />-No... pero... –<br /><br />	No iba a aceptar esa respuesta, ni ella , ni el niño que emitió otro chillido ante mi negativa. Misty extendió sus brazos, acercándome al pequeño. Resignado lo acomodé, alzándolo y volví a reír cuando lo miré apoyado contra mi pecho...<br /><br />	“Mi bebé” pensé, mordisqueándome el labio inferior con fuerza “Mi bebé... y el de Misty”</i>]]></description>            <pubDate>Tue, 23 Oct 2007 01:48:00 +0100</pubDate>        </item>    </channel></rss>