martes, 25 de diciembre de 2007
COMO CHOCOLATE
*AMBER MIST

CAPITULO I-II

Para Ash el día tampoco había sido sencillo, pero a diferencia de su amiga, admitía que el responsable de la decadente velada no era otro que él mismo. Pasados los años, Ketchum aprendió a no dejarse engañar por su terca y caprichosa personalidad, tenía asumido y aceptado el porque de sus constantes fracasos; era una razón tan lógica y natural que ya no se molestaba en negarla…

Estaba enamorado.

Pero, entonces, ¿Por qué seguía saliendo con otras mujeres? Simple, porque Misty salía con otro hombre y para Ash ese era un trago difícil de digerir. Sin embargo, su plan no resultaba tan bien como él querría, sus salidas acababan siendo aburridas y monótonas, su mente vagaba lejos de la persona que tuviera en frente y lo único que lograba era torturarse a sí mismo de culpa por ilusionar a una pobre inocente que ansiaba una oportunidad con el Maestro Pokémon Soltero,
El consuelo llegaba tarde en la noche, cuando el torbellino de quejas pelirrojo recorría el departamento criticando a todos los hombres como si fueran la peor basura que pudiera existir. A veces, Ash sentía la necesidad de demostrarle que no todos eran así, que por lo menos un hombre en el mundo deseaba hacerla feliz, pero su amiga siempre lograba desvanecer ese impulso y el Maestro solo se conformaba con que ella se quedara esa única noche en la semana.

Ese viernes fue precavido y considerado. No aceptó ninguna insinuación de sus fans o pretendientes, no quería lastimar a nadie, pero tampoco quería quedarse en su casa a ver como ella se arreglaba para otro, por lo que se encerró en un bar alejado del centro de la ciudad, en uno en que poca gente podría reconocerlo y esperó paciente a que las horas pasaran, mientras el barman le acercaba todo tipo de bebidas que Ash ni se molestaba en saber que eran, solo bebía sin dudarlo.

-Te conozco. – Escuchó que le decían, aunque la vos le resultó distante y las palabras le hicieron un eco molesto en su mente. No miró a quien le hablaba, solo asintió mecánicamente con la cabeza, demasiado acostumbrado a ese tipo de afirmaciones. –Eres Ash Ketchum. –
-Así es… - Se sorprendió al oír su propia voz sonando tan ronca y cansada. Dejó el vaso del que iba a beber y se echó hacia atrás en su silla. Cerró los ojos, las luces tenues del local quemaban sus párpados pesados.
-¿Qué hace una celebridad de tu talla en un lugar como éste? –
-Bebo. –
-Y mucho! – Rió el hombre. Ash lo ignoró, el sonido agudo de aquella risa pastosa lo sintió punzante en su cabeza que comenzaba a zumbarle. –No deberías beber si no sabes, niño. –
-¿Qué quiere decir…? – Finalmente miró a quien tenía a su lado. Girar la cabeza le produjo una extraña sensación de mareo y por un instante el desalineado hombre le parecieron dos juntos. Enfocó su visión en él, le sonreía sin pudor, exhibiendo su boca ausente de dentadura, rodeada de una barba larga, sucia y enmarañada, pero lo que más llamó su atención fue la conocida billetera de cuero que llevaba en sus manos.
-Veamos que tienes aquí… -
-Déme eso! – Se estiró para intentar capturar su billetera cautiva, pero solo logró caer el suelo. Escuchó la risa estridente y molesta del “ladrón” seguido a coro por las pocas personas del bar.
-Te lo dije. No bebas si no sabes. – No pudo levantarse, el mareo lo sujetaba como una camisa pesada, obligándolo a permanecer en la ridícula posición en la que estaba, preso de la humillación. –Oye, Sam! – Gritó el hombre, blandiendo la billetera -¿Cuánto te debe “El Maestro”? –
-Cuarenta dólares. –
-Oh, sí. Parece que puede pagarte. –

Ash sintió que lo tironeaban de la camisa y lo obligaban a ponerse en pie. El hombre con su billetera lo miraba riendo, mostrándole su desagradable aspecto tan cerca que sintió nauseas más potentes atacar su estómago.

-También te alcanza para un taxi, niño. – Comenzó a arrastrarlo hacia la puerta. El aire fresco de otoño logró aliviarle el mareo un poco, pero no encontró fuerzas para librarse del hombre.
-¿Qué-Qué hace? –
-Te lo dije. – Extendió su mano a la calle y un taxi estacionó frente al local. –No quiero verte otra vez aquí, Ketchum. – El hombre abrió la puerta y arrojó a Ash en el asiento trasero, luego coronó su brusquedad tirando la billetera junto al muchacho y cerró la puerta con fuerza. –.Llévalo a la Liga Pokémon. –

El taxi arrancó. Por la ventana abierta entraba el viento frío que poco a poco lo despertaba. El Conductor no decía nada y Ash agradecía su silencio. No podía sentirse más estúpido, ni más agradecido con aquel hombre a quien había juzgado tan mal.

-Dis-Disculpe. – Murmuró obligándose a capturar algo de control en sus palabras. –No es a la Liga donde debo ir… -

Se preguntó si el aire fresco sería tan benévolo de ayudarlo a llegar al departamento lo más entero posible… Si Misty lo viera llegar así… Apoyó su cabeza en el asiento y una lágrima solitaria resbaló por su mejilla. Esa noche se sentía un idiota, más idiota que nunca…
Publicado por amber-mist @ 18:00
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