Casual VI-III
El paseo nocturno se volvió silencioso, pero aún conservaba el ambiente cómodo entre los dos caminantes, que no necesitaban decirse nada para expresar cuánto habían disfrutado la noche en compañía del otro, solo las expresiones radiantes de cada uno de ellos ilustraban la química que experimentaban. Tom se sentía como aquel joven de a penas quince años que suspiraba por las noches por la chica pelirroja y enigmáticos ojos verdes, suponía que en su rostro debía llevar la misma sonrisa tímida que lo avergonzaba en esa época, lejos había quedado su seguridad y su arrogancia, tal vez desde el momento que aquella mujer acabó por cautivarlo con su sutil elegancia y su personalidad única. Le recordaba, en parte, al gran error de su juventud, más por sus rasgos físicos que por su forma de ser, pues claro estaba que entre Ann con su femenina actitud y Misty con su simpleza no habría nada más en común que sus hermosos ojos y su melena pelirroja.
Por su parte, Ann se esforzaba por mantenerse fría y no dejarse llevar por el encanto peculiar que le atraía de su acompañante, era firme en su papel, no se dejaba ver conmovida por los pequeños detalles tiernos de Tom, se comportaba tal cual su amiga le había aconsejado, sorprendiéndose a sí misma por la facilidad con la que había aprendido a ser alguien tan opuesta. Miró fijamente al hombre a su lado, sonriéndole con una extraña picardía que él solo pudo responder mirándola, sintiéndose intimidado.
-Tienes… Tienes algo ahí… - Le dijo, soltando su mano y señalando sus cejas, riendo al ver lo avergonzado que el joven se mostró. Se detuvieron abruptamente, bajo la luz tenue de un farol a un costado del camino adoquinado por el que transitaban.
-Debe ser una miga de pan… Rayos, debo parecer un idiota. –
La verdad, no tenía nada en el rostro, Ann solo quiso romper con la monotonía del silencio y eso fue lo primero que se le ocurrió, pero la reacción de Tom le dio otra ida, aún mejor. Un nuevo brillo pícaro atravesó sus facciones, acompañado de una sonrisa seductora que logró inquietar aún más al joven, acortó la distancia, parándose justo delante de él y miró su rostro intrigada
-¿Ya? – Preguntó, mientras seguía tocando su ceja, en un inútil intento de quitarse algo que no existía.
-No… Aún sigue ahí. – Respondió, parándose en puntas de pie mirando su ceja izquierda detenidamente.
-Vaya insistente, ¿verdad? – Rió, sus mejillas no podían estar más rojas, mientras se preguntaba que podría tener allí aferrado que no se dignaba a quitarse. La mujer moría de risa internamente, por la desafortunada imagen del hombre, pero logró disimularlo mientras que delicadamente lo tomaba de la mano que en vano insistía en “limpiar” su ceja, sus ojos verdes se fijaron en la encaprichada “basurita”
-A ver… Déjame intentarlo… -
-Ah, Gracias… - Pero no trató de sacarla como él esperaba. Sus delgados dedos se entrelazaron con los suyos, en lugar de avanzar contra la malvada “cosita” que tenía en el rostro, como él esperaba e inevitablemente, una expresión de confusión atravesó sus facciones.
Una brisa suave y cálida acarició sus párpados que se cerraron al sentir el dulce aire que salía de aquellos labios y al volver a abrirlos, vio tan cerca y tentadora la boca de Ann que no pudo obviar el desesperado deseo de besarla. Ella le sonrió ampliamente, aún con ese dejo de picardía bailando en sus ojos claros.
-¿Se fue ya? –
-Sí… Pero ahora la tienes en la mejilla… - Volvió a soplarle, en una acción delicada que lo obligó a volver a cerrar los ojos, inmerso en la nueva caricia. Cuando volvió a mirarla, ella todavía tenía esa expresión divertida, entonces comprendió que en realidad no tenía nada en su ceja, ni en la mejilla. Todo aquello formaba parte del juego de Ann y, una vez más, él había perdido por inocente. Fue su turno de reír con un dejo de picardía, decidiendo entrar en la misma jugada, admitiendo los audaces avances de ella, procurando mantener su actitud inocente y desconcertado...
-¿Ahora? ¿Ya se fue? -
-No... - Su respuesta fue un susurro con una voz tan provocadora como sus acciones. -Voló a tus labios. - Inconscientemente, sus ojos oscuros descendieron a la boca de ella y, sin pensar en sus acciones, se relamió adelantándose al exquisito sabor. Sus dedos escaparon de la frágil presión que ejercían la mano pequeña de Ann, deslizándose por sus brazos, hasta situar una de sus manos en la cintura de la mujer y la otra perdiéndose en la suavidad de su cuello.
Al inicio, sus ojos verdes se ensancharon de sorpresa, al sentir el cambio de actitud en su acompañante, otra vez volvía a reconocer al fanfarrón que trataba de seducirla tan estereotipadamente, sin embargo, en ese instante en que la situación que había creado cambiaba abruptamente su rol de iniciativa, sintió que esa faceta arrogante era más atrayente que su tierna ingenuidad. Fue su turno de sentirse frágil, vulnerable, como una adolescente tentada por el primer beso, ansiosa de probar la sensación de ser tocada tan íntimamente por aquella boca.
Y sin decir más ninguno de los dos, se besaron. Para sorpresa de ella, Tom se dejó guiar por la pasión hasta un punto medido, teniendo total control de la delicadeza, procurando respetar a su ocasional pareja; sus labios eran firmes, pero a la vez acariciaban con dulzura la boca de quien besaban, sus manos la acercaron a su cuerpo, uniéndose uno con otro, pero sin abandonar su posición en la cintura y cuello, solo atinando a acariciarla a ritmo del beso. Ann se animaba a responder de la misma forma, rodeando su cuello con sus brazos, pero sin incentivarlo a avanzar más, ya que sabía bien que no tenía intenciones de llegar más lejos en esa primera cita.
Pudieron pasar largos minutos, ninguno de los dos lo sabía, el tiempo se había detenido para los jóvenes que al separarse se miraron fijamente, sonriendo delicadamente, acordando internamente con la magia que habían compartido. No necesitaron decir nada, tomados de la mano siguieron caminando, manteniendo la sensación del momento pasado fresco en sus mentes