Casual VI-II
La cena y el postre progresaron con el mismo clima. Los dos se sorprendían de la facilidad que cada uno tenía para inventarse una vida ajena. Ash no sabía mucho de bancos, solo iba de vez en cuando a uno para hacer algún trámite sencillo, pero no era parte importante de su vida, contrario al caso de “Tom”, quien parecía un adicto a su trabajo dentro de aquel cubículo imaginario que lindaba con el de Richard Gane, otro elemento de su imaginación (curiosamente muy parecido a Broca, según notó Misty), que protagonizó unas cuantas anécdotas divertidas. Ann, incluso, afirmó que jamás hubiera pensado que el mundo de las finanzas pudiera ser tan entretenido, a lo que él simplemente pudo contestar asintiendo con la cabeza, pues tampoco lo había pensado.
Por su parte, a Misty no le agradaban demasiado los periodistas, prefería informarse leyendo libros, antes que revistas, pero “Ann” no era una reportera común y corriente, no le interesaba hacerle entrevistas a los humanos, su vida estaba en el océano, haciendo un trabajo más parecido al de un científico que al de una periodista. Ash se alivió al escuchar los detalles de su trabajo, pues explicaba porque no lo había descubierto aún.
Cuando él pagó la cuenta, una pregunta obvia los cubrió, pero ninguno lo dijo hasta pasado el cuarto de hora. El bar ya se estaba vaciando, algunas mesas ya tenían sillas dadas vuelta sobre la madera y las camareras terminaban de limpiar del otro lado del local, ellos no eran los únicos clientes que quedaban allí, pero los empleados del lugar ya se estaban encargando de dejar claro que deseaban cerrar...
-Parece que debemos irnos... – Murmuró él algo decepcionado.
-Así parece... – Replicó ella con igual tono y se levantó de su lugar lentamente.
-Te acompaño a tu casa. – Se ofreció galantemente, adelantándose hacia la puerta. Ann le sonrió con dulzura, colocándose la cartera en uno de sus hombros.
-¿Ya das por acabada la noche? –
-Eh... ¿No? – Ella rió y lo siguió hasta la salida. Tom la dejó pasar primero, abriendo la puerta para que pasara. -¿Tienes algo en mente? –
-La verdad, no-
-¿Entonces?... – Miró a su alrededor, tratando de encontrar alguna ayuda en su entorno, pero esta vez no tuvo suerte. Se sintió patético, sin nada para ofrecerle a su acompañante-.
-Está bien. – Lo interrumpió ella.-Acompáñame hasta mi casa. La noche ha terminado. – Comenzó a caminar, pasando delante de él. Que la velada acabara de esa manera la desilusionó, la había pasado bien en el restaurante, pero esperaba algo más que una cena.
-Sería una lástima. – Replicó él y cuando ella volteó a mirarlo, Tom le dedicó otra sonrisa arrogante. –Vamos a caminar. –
-¿A Dónde? –
-Al centro. – Respondió encogiéndose de hombros. –Debe haber algo para hacer allí, ¿No crees? –
-Puede ser... – Accedió sonriente y volvió los pasos que se había separado de él. Tom extendió su mano y Ann aceptó su gesto con la suya, sus dedos se entrelazaron y ambos comenzaron su caminata hacia el centro.
Tenía muchas cosas para decir, pero no quería arruinar el momento diciendo alguna tontería. La situación le parecía irreal, demasiado perfecta. Pensó en la primera vez que había visto a esa mujer, como ella lo había ignorado completamente y ahora, le estaba sujetando la mano, mientras caminaban con rumbo incierto. Ella pensaba algo similar. Miraba ambas manos unidas y se deba cuenta de cuanto le gustaba ese hombre, no era solo parte de un juego; lo había elegido porque algo de él la atrajo y con todo lo conversado durante la cena, solo podía admitir que le atraía aún más. No era tan arrogante y fanfarrón como le pareció al inicio, por el contrario, en más de una ocasión se dejó ver bastante tímido e ingenuo.
El camino por el que iban los llevó hasta una de las avenidas principales de la ciudad. Las luces intensas, el tránsito y la gente contrastaban con la tranquilidad y silencio de la calle por la que caminaban. Se detuvieron en la esquina, frente a una de las grandes puertas de bronce de una de las entradas de La Liga Pokémon, cada uno con expresiones diferentes en sus rostros. Para Ash, no era el mejor de los edificios de su Amada Liga (obviamente él prefería el estadio oficial), pero al verlo cerrado, con las luces artificiales de los reflectores dedicándose una majestuosa imagen, le hinchaba el pecho de orgullo. Muy al contrario, para Misty, ese edificio en particular, representaba el nido de cuervos que se encargaban de destruir su gimnasio.
-Este edificio es increíble. – Comentó él, admirando las figuras grabadas en la puerta metálica.
-¿Increíble? –
-Sí... Aunque siempre me gustó más el estadio. – El semblante de ella se transformó, una mueca mezcla de indignación y asco derrocó a esa sonrisa dulce que había portado todo el camino. Él la miró extrañado. -¿Qué sucede? –
-Nada. – Replicó, negando con la cabeza.
-¿Tienes algo contra la Liga Pokémon? –
-No. Tengo algo contra el Maestro Pokémon. – Contestó con algo de odio en su voz, mirando a la puerta con desprecio. –
-¿Porqué? –
-Porque es un idiota. –
-¿Lo conoces? – Preguntó sospechando. Ella lo miró fijamente y luego se echó a reír.
-Claro que no! Pero me he enterado de algunas cosas. –
-¿Qué cosas? –
-No todo lo que brilla es oro. – Contestó, reanudando la marcha. Tom la siguió preocupado, pero recordó que ella era amante de los Pokémon de agua y su odio hacia el Maestro le resultó comprensivo.
-Hasta eres capaz de arruinar esto... No me dejarás en paz Waterflower. –-Pero no nos pondremos de acuerdo. – Dijo ella aún riendo. –Sé la imagen que él tiene para el resto del mundo. –
-¿Y porqué no tienes una buena imagen de él? –
-Por su culpa, el único gimnasio de pokémon Acuáticos de Kanto se está destruyendo. –
-¿Eso no es culpa de los Líderes de Gimnasio? – Preguntó, fingiendo inocencia. Ella ladeó la cabeza, como si meditara la posibilidad.
-No creo que sea el caso. –
-De todas formas. Tienes razón en algo. –
-¿En que? –
-“No todo lo que brilla es oro” Ash Ketchum no es ningún héroe como todos dicen. –
-Me alegra oír eso. – Inconscientemente se acercó más. No solo sus manos unidas, ahora sus brazos se rozaban tímidamente. Tom se sintió incómodo por la situación pasada, pero internamente se alegró al saber que difícilmente lo reconocería, si su trabajo estaba lejos del puesto del Maestro, si lo detestaba tanto como para no hacer notas sobre él, quizás sus mentiras podrían sostenerse por algún tiempo.
Siguieron camino, dejando la Liga y sus opiniones detrás. El clima entre los dos volvió a ponerse calmo, aunque pese a sus diferencias en las opiniones, en ningún momento se generó suficiente tensión como para arruinar la noche; de hecho, los dos creían que aquellos criterios opuestos le habían dado un matiz interesante a sus conversaciones, un ingrediente extra que era necesario; ser diferentes, pero respetuosos sobre ello. La avenida desembocaba en el parque de la ciudad. Ninguno necesitó proponerlo, sus pasos los guiaron en aquella dirección. Ann rompió el silencio comenzando otra anécdota inventada que incluía un bosque oscuro y tenebroso, él escuchó atentamente, contemplándola cautivado y asentía automáticamente con la cabeza cuando ella le daba una pausa y le sonreía con su perfecta dentadura blanca; otra vez sentía que perdía su confianza, mientras sus pasos los llevaban por el camino rodeado de césped del parque.