Casual VI-I
*Amber Mist
Él fue el primero en llegar. El lugar estaba más lleno de lo habitual, pero de todas formas “su mesa” estaba libre. Aliviado se acercó a ésta y se sentó mirando a la puerta. Trató de controlar sus nervios; su estómago se había vuelto como piedra, sus manos sudaban aferradas al tallo del jazmín y, sin advertirlo, movía su pierna exageradamente a un ritmo constante en un gesto impaciente. No era la primera vez que esperaba a una mujer en un lugar como aquel, su última novia lo había hecho esperar una hora en su primera cita, según le había explicado, el tránsito estaba insoportable esa noche. Movió la cabeza, reprobando su línea de pensamiento, temiendo que otra vez lo condujera hacia la larga espera en vano... No era momento de pensar en “exs”, pero no pudo evitar notar que esa noche se sentía particularmente nervioso, veía la posibilidad que Ann lo dejara plantado. Rió, bajó la cabeza y extendió los brazos sobre la madera, sus dedos apresando con fuerza la flor...
-No debo pensar eso. – Se regañó. –Esto es diferente... Ann es distinta... Yo soy distinto... –
-Me encantan los jazmines... – Escuchó que alguien le comentaba, una voz suave y dulce. Sobresaltado levantó la cabeza para encontrarse con el rostro sonriente de quien estaba esperando.
-Ah, me alegro entonces. – Torpemente se levantó y extendió la flor. –Es para ti. –
-Gracias, Tom.- Tomó el jazmín por el tallo y olió su perfume. Luego levantó su mirada enigmática al hombre que trataba de mantener una cortina de arrogancia, pero que no lograba cubrir lo nervioso que se sentía. En un impulso no calculado, ella se acercó y le besó la mejilla para luego caminar a la silla vacía y sentarse frente a él.
Misty no podía creer lo que había hecho. Pensó que, tal vez, Erika le había puesto algo extraño al café esa tarde que la hizo actuar tan desinhibida, pero lo cierto era que solo se dejó llevar. Le encantaban los jazmines, casi tanto como la actitud de Tom. Con gran esfuerzo, logró evitar ponerse colorada y fingiendo que buscaba algo en la cartera, ocultó su rostro tras un manto espeso de cabello que dejó caer a un lado de su rostro, mientras se exigía tranquilizarse.
Ash aspiró hondamente, obligándose a tratar de actuar tan frío como pudiera, pero por más que su mente gritara y exclamara órdenes, no podía reemplazar esa expresión algo atontada por su sonrisa arrogante y actitud galante. No se sentía tan fuerte y confiado, su personaje carecía de sustento. Tenía que admitir que para la actuación era un desastre, pero ya no podía echarse atrás.
La camarera llegó para alivio de ambos. Ninguno quería cargar con la responsabilidad de ser quien rompiera el hielo...
-¿Puedo tomar su orden? –
-Sí... yo quiero...- Comenzó Tom, tomando el menú y buscando en la lista algo que no le cayera muy pesado; bastante tenía con la piedra que se había formado en la boca de su estómago.
-Mientras él decide... –Empezó a decir Ann al ver que su acompañante tenía dificultades –Yo quiero carne asada con patatas y ensalada mixta, por favor y... para beber... – La camarera anotaba el pedido en una pequeña libreta que había sacado de su delantal. –Solo gaseosa. –
-De acuerdo, ¿Señor? –
-Eh... yo... lo mismo que ella . –
Realmente no tenía ganas de analizar el menú, a él solo le importaba comer sin detenerse demasiado a elegir. Miró hacia el frete, Ann tenía su atención dirigida a la ventana. Le dio pánico pensar que se estaba aburriendo, por lo que, se peinó el cabello hacia atrás con sus dedos y dijo lo primero que vino a su mente.
-Es la primera vez que vengo aquí de noche. – Ella se sobresaltó, su voz había sonado grave, distinta al tono con el que había hablado minutos atrás –Hay mucha más gente que al medio día. –
-Es cierto. – Replicó ella mirando alrededor –Lo hace ver diferente, ¿No crees? –
-Sí... – Se miraron, una pequeña sonrisa se asomaba en los rostros de ambos –Pareciera que por la noche todos somos diferentes. – Ann lo miró sin entender, él riño arrogantemente y continuó –Te ves aún más hermosa que las otras veces. –
-Ah... – Creyó que su rostro arderá en llamas al oírlo. Los ojos oscuros de él la veían fijamente, brillando intensamente. –Gracias. –
Ash recuperó algo de confianza cuando Ann bajó la cabeza un instante. En su vida imaginó que podría decir una frase tan cursi como esa, pero su efectividad no solo lo sorprendió también le dio algo de orgullo.
Misty se reprochó por haber perdido el control de la situación. Su amiga le había advertido que le elogiaría su aspecto, era normal que lo hiciera... Pero para ella no era un halago tan común. El jazmín todavía reposaba en su mano, lo guardó con cuidado en la cartera, aprovechando la excusa para borrar el rojo de sus mejillas. Al sentirse mejor, volvió su vista al hombre y le sonrió...
-Y dime... Tom... ¿De qué trabajas? – Preguntó en un tono casual y despreocupado, tratando de quebrar el momento incómodo que él le había provocado. Por la otra parte, la pregunta lo tomó desprevenido, no podía decirle “Maestro Pokémon”, manteniéndose frío miró por la ventana en busca de ayuda. Para su fortuna, la respuesta tenía enormes letras luminosas.
-Soy asesor de cuentas. – Ella asintió con la cabeza, como si le hubiera resultado interesante. –Justamente en aquel banco. – Replicó, señalando el edificio de la vereda contraria. Ann miró el edificio con interés. -¿Y tú? –
-Soy periodista. – Contestó con orgullo, pero no se sentía orgullosa por su profesión falsa, sino por haber planeado su personaje con tal exactitud.
-¿Periodista? – Pensó él, sintiendo palidecer –Entonces... sabe quien soy... sabe que estoy mintiéndole... –
-¿Te sucede algo? –
-Pero... si así fuera... si tratara de averiguar algo... –-¿Tom? –
-¿No hubiera mentido también? –-¿Estás bien? –
-Sí.... sí... –
-Te ves pálido. –
-¿Pálido? – Rió nervioso y miró por la ventana. –No, será tu imaginación. – Volvió su vista a ella, su expresión preocupada le atrajo una imagen nublada que bloqueó negando con la cabeza. –Estoy bien. –
-¿Será que no te gustan lo periodistas? –
-La verdad no me gustan, ¿Dónde trabajas? –
-En Pokémon Care. –
-¿Pokémon Care? He salido en sus publicaciones varias veces. –-¿La conoces? –
-Sí... he leído muchas notas. Tal vez haya leído alguna tuya. – Continuó, tratando de cubrir su pánico. Que ella fuera periodista era una catástrofe para las ilusiones y planes del joven.
-Solo si te gustan los Pokémon de Agua. – Contestó con naturalidad.
-¿Pokémon de agua? –
-Sí. Es lo único de lo que escribo. -
Para Ash la situación se veía peor. ¿Tenía que haber tantas coincidencias tétricas? Por un momento prefirió que ella fuera una periodista interesada, solamente, en publicar un artículo vergonzoso del famoso Maestro y no una mujer pelirroja, de ojos verdes, amante de los Pokemon Acuáticos!! –
-Vaya! – Suspiró y bajó la mirada. –NO creo que lea ningún artículo tuyo, entonces. –
-¿No? –
-No me gustan los Pkmn de agua. –
-Entonces... Hablemos de otra cosa. –
El cambio de tema no fue solo por la excesiva honestidad de Tom; Misty creyó que si él decía algo malo sobre su amado tipo de Pkmn acabaría por romperle un plato en la cabeza y así no debía comportarse “Ann”. La actitud conciliadora y pacífica de su acompañante lo tranquilizó, ese era un punto a favor para “la periodista” que la diferenciaba abismalmente de cierta Líder de Gimnasio. Ash volvió a relajarse y escuchó atentamente al tema que Ann había elegido para conversar, una anécdota divertida de un viaje que hizo por las Islas Naranja. Notó como ella evitaba nombrar a los pkmn acuáticos, objeto de dicho viaje, en su relato y eso lo conmovió; se veía que era una persona considerada y sensible, además de muy inteligente. Otra vez se dejó llevar por ella, olvidando los parecidos que tenía con Misty y pudiendo escuchar atentamente, asintiendo de vez en cuando y riendo de los disparates de la anécdota. No volvió a pensar, ni a analizar nada, solo se relajó y dejó que ella lo divirtiera, cautivándolo aún más con cada minuto que pasara.
-¿Sabes? A mí me ocurrió algo similar... –
Comentó él divertido y fue su turno de contar. La velada era perfecta, ambos se divertían y la incomodidad inicial se había evaporado. Para los dos era como si se conocieran de toda la vida, cada uno sentía que el otro era plenamente honesto y que entre los dos surgía una magia atrayente. El único detalle que carcomía sus conciencias era el echo que nada de lo que contaban era cierto. Se esforzaban tanto en mantener sus identidades escondidas que no tenían ni una sola verdad para compartir; Ann describía viajes exóticos e interesantes que e interesantes que mezclaban verdades de sus aventuras con Ash. Tom inventaba clientes eufóricos que iban a reclamarle a su oficina ó vacaciones fantásticas combinadas con los escenarios que contempló de niño. Estaban tan absortos en sus propias mentiras que no advirtieron las coincidencias en sus relatos.