CASUAL V
Escena II
- No lo puedo creer, tienes una cita-
- ¿No lo puedes creer?... Eso es ofensivo, Erika!-
- Lo siento… Es solo que no creí que consiguieras ganar otra vez. Realmente soy una buena maestra-
- O ese hombre no es tan experto como suponíamos-
- No lo es- respondió -Pareciera alguien que… No está seguro de lo que hace-
- Al principio si lo parecía. Te lo juro, no actuaba así antes-
- Lo sé. La forma con la que comenzó a hablar fue muy confiada… Pero luego, todo su coraje se evaporó-
Por fin Erika convenció a su amiga a comprar una pila de ropa que en su vida creyó que compraría, pero la líder de Ciudad Azulona tenía un punto a favor 'La situación lo amerita', Misty no podía estar más de acuerdo. Ambas caminaban por los pasillos con las manos cargadas de bolsas pesadas llenas de prendas. La breve conversación con Tom había cambiado su humor notablemente y también su idea sobre las compras en ese local; quería verse bien para la noche, quería que 'Ann' se diferenciara de 'Misty' tanto como le fuera posible, imagen incluida, el juego ya le estaba sabiendo dulce y divertido, sobretodo recordando la torpe despedida del pobre hombre. Sin embargo, ahora que él no estaba presente, podía darse el lujo de sonrojarse y bajar la cabeza, la expresión que él dejó ver cuando la invitó a cenar le producía un cosquilleo extraño que no debería sentir, una sensación que le agradaba y hasta dibujaba en su rostro una sonrisa, pero al mismo tiempo la asustaba…
- Misty ¿te ocurre algo?- ya estaban fuera del centro comercial, las puertas automáticas se cerraron tras ellas mientras avanzaban unos cuantos pasos en busca de un taxi -Te ves algo distante-
- Estoy bien- afirmó luego de mover levemente la cabeza.
Erika decidió no agregar nada por el momento, intuía lo que podría estar revoloteando dentro de la cabeza de su compañera, pero sabía que comentarlo podría tensarla demasiado en su cita nocturna.
- He comprado demasiadas camisas…- se quejó estudiando el montón de prendas que había esparcido en toda su cama -pero no estoy seguro si hoy usaré alguna de estas- suspiró resignado. No estaba conforme con su repentina compra compulsiva, ninguna de aquellas camisas reflejaban su estilo, aunque tampoco estaba muy seguro de cómo calificarse.
Ash no se preocupaba por cosas tan superficiales como el 'estilo', él solo se vestía y salía a la calle sin siquiera perder un segundo en pensarlo. No le gustaban esas cosas, nunca le había gustado, sin embargo esa tarde viendo toda su ropa (nueva y vieja) no pudo evitarse el debate. Quería verse bien, quería gustarle a alguien…
De repente la situación le fue demasiado familiar, tanto que tuvo que deslizarse con cuidado contra el borde de la cama para quedar sentado en el suelo. Ya había pasado por esa misma escena, alguna vez se había preocupado por un asunto tan frívolo como aquel. Un nudo se le formó en el estómago, atrayendo el recuerdo imparable con el que luchó para mantenerlo escondido en su mente…
- Ash?. ¿Estas listo?. Se hará tarde hijo-
- Enseguida voy mamá!-
Solo habían pasado 30 minutos desde que salió del baño. Ese día se celebraba el inicio de la competencia de la Liga, el último escalón que el joven debía escalar para llegar a su tan anhelado sueño. Pero no eran las batallas las que lo distraían esta vez, estaba confiado en ese campo luego de haber recolectado varios trofeos de otras competiciones, esta vez el joven Ketchum tenía su atención atrapada en algo diferente, o mejor dicho, en alguien…
El día anterior su amiga, a quien no veía hacía años, le prometió que esa misma noche viajaría hacia la competencia para verlo. Entusiasmado él se arriesgó a preguntar si se quedaría hasta el final, a lo que ella asintió, feliz de escuchar su pregunta. Desde aquel momento la sonrisa que siempre exponía se agudizó aún más, no podía ni quería disimular su ansiedad, habló con todos sus amigos sobre la inminente llegada de la pelirroja al estadio; pidió especialmente a la enfermera Joy que le avisara de inmediato si ella llegaba. Estaba tan feliz que pensó que nada podría deprimirlo… nada excepto el hecho que Misty no llegó esa mañana como prometió…
- No importa- pensó al llegar el medio día -Seguramente llegará a tiempo para la ceremonia…-
Lo que, según él, le daría más tiempo para prepararse. Sus amigos lo observaban con una expresión extraña, que en ese momento no entendió, alguien le había dicho que los deberes de un líder de gimnasio requerían de mucha dedicación y tiempo, no siempre podían hacer lo que deseaban, si el gimnasio lo requería debían permanecer encerrados…Tampoco comprendió todo aquello, estaba atrapado en su propia ilusión y solo pensaba en que diría, que hazaña le contaría primero, debatía consigo mismo si debía dedicarle su primer victoria o la última…
Así, tan solo media hora antes del inicio de la competencia, el entrenador se encontraba frente a su cama repleta de prendas indeciso de cual utilizar en esa fecha tan especial…
Ash tenía grandes ilusiones para ese día, para su futuro. Esperaba importantes cambios en su vida y quería coronar la fecha con otro acontecimiento especial.
Pero nada resultó. Misty no se presentó a la ceremonia, tampoco a su primera batalla, ni a la segunda… ni a las semifinales.
Poco a poco el joven abandonó el deseo de 'verse bien'. La ausencia permanente de su amiga le devolvió la acostumbrada actitud despreocupada y su concentración exclusiva a las batallas. Comprendió que la mirada de sus amigos no reflejaba más que lástima hacia su ilusa ansiedad…
Todos suponían que Misty no podría asistir, menos Ash que la esperó hasta el final, recolectando diariamente un pequeño grano de desprecio que al finalizar la competencia podría haber llenado un granero…- Pero esto no me sucederá esta vez- exclamó levantándose de un salto -Ann no es como Misty, sé que no me haría algo como eso- se acercó al espejo pequeño que colgaba de la pared del baño, miró su reflejo y sonrió -Y… definitivamente yo no estoy como en ese tiempo…-
Se miró a sí mismo sonreírse y dedicarse esas penosas miradas arrogantes que ensayaba con Ann... Según su punto de vista no estaban nada mal, verdaderamente creía que su actitud vacía lo llevaría a ganar el juego y en algún punto de esa actuación frente al espejo deseó no tener que ser “Tom”, al pensar que esa mujer le gustaba demasiado como para jugar con ella y nada más...
-Pero no debes pensar así! - Se regañó, desviando la vista de su reflejo. -No voy a dejar que me lastimen esta vez. -Apretó su puño y le dió la espalda al espejo, caminando nuevamente a su habitación. -Prefiero dañarla a ella antes de sufrir yo... -
Miró la ropa que había exparcido sobre su cama y eligió una camisa negra para combinar con un jean y zapatos negros...