Alta Traición
*Amber Mist
Capítulo I
Escena II
Estiró su brazo lentamente, sorprendiéndose al inicio, al encontrarse que su piel no estaba cubierta solo de sábanas. Sonrió y abrió los ojos para encontrarse con el rostro de quien había compartido su cuarto de hotel aquella noche. Se aferró a su pecho con mayor presión, apoyando su cabeza entre el hombro y cuello de él y lo observó detenidamente, dejando que imágenes fugaces se cruzaran por su mente armando el rompecabezas de (según ella) una de las mejores noches de su vida.
Su rostro rígido, de finos rasgos rectos, sus ojos castaños brillantes y su salvaje cabellera negra, que ahora se aplastaba contra la almohada, al inicio no le habían resultado familiares, pero ahora que lo observaba dormir, sentía algo de pena por su olvido.
-Ash... – Murmuró, sintiéndose la misma adolescente soñadora, que diez años atrás hubiera dado cualquier cosa porque ese hombre la viera como ella lo veía a él, como tan solo unas horas atrás la observó.
Acarició el contorno de sus mejillas, inmersa en la imagen pacífica que el hombre dormido exponía, obligando a su mente a registrar cada detalle mínimo de sus facciones. No entendía porque su memoria había sido tan traicionera. ¿Por qué se había olvidado de él por tantos años?
Lentamente su conciencia fue registrando la presencia del sol en la habitación, como también el peso adicional sobre él. Sus manos se deslizaron acariciado la suave piel de su compañera, quien devolvió la caricia, trazando un delicado círculo en su pecho. Luego sintió como ella se levantaba y afirmaba sus labios contra los propios. Devolvió el beso, arrimándola aún mas contra su cuerpo. Al separarse ambos se miraron a los ojos, encontrando en ellos la reciprocidad de sus sensaciones en el otro...
-Buenos Días... – Lo saludó, susurrándole sensualmente, tocando la punta de su nariz con la de él.
-Buen día... – Respondió él y alzando una mano le acarició la mejilla. La abundante cabellera rojiza cayó ceremoniosamente hacia delante, tapándolos a ambos como una cortina de seda, cuando Misty se movió por sobre el cuerpo de él y volvió a atrapar sus labios en un beso pasional.
El cálido saludo de Buenos Días continuó, por largos minutos, pareciéndose cada vez más al “Beso de Buenas Noches”, pero para desgracia de ambos el estridente sonido de un celular los interrumpió, siendo ignorado varias veces, pero cuando la musiquita prometía no callarse jamás, Misty rompió el momento gruñendo y protestando contra al “Idiota que se le ocurre interrumpir”
La observó levantarse, su cuerpo totalmente desnudo erizándose por el frío de la mañana. Se preguntó si debía avergonzarse por mirarla y se ruborizó al pensar que, con lo que había pasado antes que se asomara el sol, no tenía nada de malo admirarla. Ella chequeó el ID del celular y le sonrió como señal de disculpa, tomó una bata del armario cubriéndose con ésta el espectáculo del que disfrutaba su acompañante, y luego se perdió por la puerta a la pequeña cocina, dejándolo solo.
Cuando ella se marchó, él tiró su cabeza hacia atrás, mirando directamente el techo, con una sonrisa inmensa, reflejo de una oleada de felicidad que hacía bastante tiempo no sentía. Lo vivido esa noche se impregnó en su piel a tal punto, que aún sentía la suave textura del cuerpo de la pelirroja quemándole la yema de los dedos. Suspiró y cerró los ojos, respirando lenta y pausadamente, recordando cada segundo de la noche, a pesar de lo que muchos podrían pensar, lo que sucedió entre ellos no fue algo “casual”, él no lo pensó como una “aventura”, los besos y las caricias que se dieron, para Ash tenían el sabor del destino, uno que él había olvidado, pero con el primer roce de sus labios le volvió con tal desesperación como la que había demostrado en sus acciones nocturnas...